Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozLucía era una niña curiosa y con mucha energía. En su clase, le encantaba hablar, moverse y jugar… ¡todo a la vez! Le gustaba contar historias sobre sus aventuras imaginarias, bailar al ritmo de la música y construir castillos gigantes con los bloques. Su imaginación no tenía límites, y su entusiasmo era contagioso. Siempre tenía una sonrisa en la cara y estaba lista para cualquier juego o actividad. Era como un pequeño torbellino de alegría y movimiento.
Pero a veces, olvidaba escuchar a la seño y a sus compañeros. Cuando la seño explicaba las tareas, Lucía estaba pensando en qué iba a jugar en el recreo. Cuando sus compañeros le contaban sus ideas, Lucía interrumpía para contar las suyas, a veces sin dejar que los demás terminaran de hablar. No era que Lucía no quisiera escuchar, simplemente su energía era tan grande que a veces la llevaba por delante. Esto, a veces, causaba pequeños problemitas en el aula.
Un día, mientras jugaban a construir torres con bloques de colores, apareció un dragón. ¡Un dragón verde, suave y sonriente! Era un dragón pequeño, con escamas brillantes como esmeraldas y una cola larga y juguetona. Sus ojos eran grandes y amables, y de su boca salía un aliento cálido y perfumado a flores. Lucía se quedó boquiabierta, olvidando por completo la torre que estaba construyendo. Nunca había visto un dragón, y mucho menos uno tan amigable.
—Hola, soy Tranquilón —dijo con voz tranquila, como el murmullo de un arroyo—. Estoy aquí para ayudarte a estar calmada y feliz.
Lucía lo miró con curiosidad. —¿Calmada? ¿Pero a mí me gusta moverme y jugar! —exclamó con su habitual energía.
—Y eso está muy bien —respondió Tranquilón sonriendo—. Pero a veces, estar calmada te ayuda a disfrutar aún más de todo.
Tranquilón le enseñó a Lucía a respirar como los dragones cuando se sienten nerviosos: —Inspira como si olieras una flor... y suelta como si soplaras una vela. —Lucía cerró los ojos e inspiró profundamente, imaginando el aroma dulce de las rosas. Luego, sopló suavemente, como si estuviera apagando una vela de cumpleaños. Sintió como su cuerpo se relajaba un poco.
También le enseñó una canción mágica para seguir las normas del aula:
🎵 “Escucho con mis orejas, con mis ojos miro yo, con mis manos tranquilitas, aprendo mejor”.
Lucía cantó la canción en voz baja, sintiendo cómo las palabras la ayudaban a concentrarse. Intentó mantener sus manos quietas sobre la mesa, aunque le costó un poco.
Cuando Lucía quería hablar sin esperar su turno, Tranquilón le recordaba: —Primero escuchamos, después hablamos. ¡Así todos nos entendemos mejor!
Al principio fue difícil. Lucía tenía muchas ganas de compartir sus ideas y contar sus historias, pero intentaba recordar las palabras de Tranquilón. Respiraba hondo, escuchaba a sus compañeros y esperaba a que terminaran de hablar antes de intervenir. A veces, se mordía la lengua para no interrumpir, pero poco a poco fue aprendiendo a controlar su impulso.
Pero Lucía se dio cuenta de algo: Cuando estaba calmada y respetuosa… ¡todo salía mejor! Sus juegos eran más divertidos porque escuchaba las ideas de los demás y trabajaban en equipo. Sus trabajos eran más bonitos porque se concentraba en las instrucciones de la seño. Y sus amigos estaban más contentos porque se sentían escuchados y valorados.
Desde entonces, cuando algo se complica, cuando se siente nerviosa o impaciente, Lucía llama a su amigo Tranquilón en su mente. Cierra los ojos, imagina al dragón verde y sonriente, y respira profundamente. Inspira como si oliera una flor, y suelta como si soplara una vela.
Y respira, canta la canción mágica, y sigue las normas con alegría. Ya no se siente tan abrumada por su energía, sino que la canaliza de forma positiva. Ahora sabe que puede ser divertida y enérgica, pero también calmada y respetuosa.
Y así, con la ayuda del dragón Tranquilón… Lucía aprendió que estar tranquila también es una gran aventura. Una aventura donde puede escuchar, aprender, conectar con los demás y disfrutar aún más de todo lo que la rodea. Descubrió que la calma no es aburrida, sino que es una herramienta poderosa para vivir una vida más plena y feliz. Y, lo más importante, aprendió que siempre puede contar con su amigo Tranquilón para ayudarla a encontrar la calma en cualquier situación.
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