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Gratis · elegí una vozNico era un niño con un sueño gigante: ¡viajar a Marte! No le importaban los videojuegos ni los helados tanto como las estrellas y los planetas. Pasaba horas leyendo libros sobre el espacio, dibujando cohetes y construyendo modelos de astronautas con calcetines viejos. Pero lo que Nico realmente quería era construir una nave espacial de verdad.
Un día, mientras caminaba de regreso a casa desde la escuela, Nico encontró una enorme caja de cartón tirada junto a la calle. Era tan grande que casi podría caber dentro. ¡Eureka! ¡Era la nave espacial perfecta! Corrió a casa, arrastrando la caja gigante tras él.
"¡Mamá, papá, miren! ¡Voy a construir mi nave espacial!" exclamó Nico, con los ojos brillantes de emoción. Sus padres, siempre dispuestos a apoyar sus sueños, le dieron tijeras, pegamento, pintura y un montón de otros materiales para ayudarle.
Durante semanas, Nico trabajó sin descanso en su nave espacial. Recortó ventanas redondas, pintó la caja de un rojo brillante y pegó aletas de cartón a los lados. Le puso el nombre de "Estrella Fugaz". Su papá le ayudó a construir un panel de control con botones de cartón y luces que parpadeaban. Su mamá le cosió un traje espacial de tela plateada con una pecera vieja como casco.
Finalmente, la "Estrella Fugaz" estaba lista. Era una nave espacial de cartón impresionante, al menos a los ojos de Nico. La equipó con sus libros de astronomía, una linterna, un sándwich de jamón y queso (por si acaso) y a su osito de peluche, Oso, como copiloto.
"¡Preparados para el despegue!" anunció Nico a sus padres, que observaban con una sonrisa desde la puerta del jardín. Nico se metió dentro de la "Estrella Fugaz", se puso su traje espacial y encendió el panel de control. Las luces parpadearon y Nico hizo ruidos de cohete con la boca.
"¡Diez, nueve, ocho..." Nico comenzó la cuenta atrás. "...siete, seis, cinco... ¡preparense para la ignición!"
Con un gran estruendo (Nico golpeando un tambor viejo que había metido en la nave), la "Estrella Fugaz" despegó. Bueno, al menos en la imaginación de Nico. En realidad, la nave permaneció inmóvil en el jardín. Pero para Nico, se elevaba cada vez más alto, atravesando la atmósfera de la Tierra y adentrándose en la negrura del espacio.
Durante su viaje imaginario, Nico vio constelaciones brillantes, nebulosas multicolores y planetas gigantescos. Saludó a astronautas imaginarios y bailó con extraterrestres amistosos. Incluso probó comida espacial: ¡sándwiches de jamón y queso en gravedad cero saben aún mejor!
Pero lo más emocionante de todo fue cuando Nico finalmente llegó a Marte. Aterrizó la "Estrella Fugaz" suavemente sobre la superficie roja y polvorienta. Abrió la escotilla (otra solapa de cartón) y salió con Oso en brazos.
Marte era tal y como Nico lo había imaginado: un paisaje desolado y rocoso bajo un cielo rosa pálido. Vio cráteres gigantescos, montañas imponentes y, lo más sorprendente de todo, ¡plantas! Pequeñas plantas rojas y brillantes que brillaban bajo la luz del sol marciano.
Nico se maravilló de la belleza de Marte. Plantó una pequeña bandera que había hecho con un palito de helado y un trozo de tela roja. Luego, recogió algunas rocas marcianas (en realidad, eran piedras de su jardín) para llevárselas como recuerdo.
Después de un rato, Nico sintió un poco de sueño. El viaje espacial, aunque imaginario, lo había agotado. Se metió de nuevo en la "Estrella Fugaz", se acurrucó junto a Oso y cerró los ojos.
Cuando Nico despertó, el sol se estaba poniendo. Sus padres estaban sentados junto a la "Estrella Fugaz", sonriendo.
"¿Te gustó tu viaje a Marte, Nico?" preguntó su mamá.
"¡Fue increíble!" respondió Nico, con una sonrisa radiante. "¡Marte es precioso!"
Nico sabía que su nave espacial de cartón no lo había llevado realmente a Marte. Pero en su imaginación, había viajado miles de millones de kilómetros y había vivido una aventura inolvidable. Y eso, pensó Nico, era lo que realmente importaba.
Esa noche, Nico durmió profundamente, soñando con estrellas, planetas y la próxima aventura espacial que emprendería con su "Estrella Fugaz". Sabía que mientras tuviera su imaginación, podría viajar a cualquier lugar del universo, ¡incluso a Marte! Y aunque la "Estrella Fugaz" fuera solo una caja de cartón, era la nave espacial más especial del mundo, porque estaba construida con amor, imaginación y el deseo infinito de un niño de alcanzar las estrellas.
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