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Gratis · elegí una vozA Carlitos le encantaba ir a la escuela, bueno, casi siempre. Hoy no tanto. Hoy tenía que explicarle a la Señora Elena por qué no había hecho la tarea de matemáticas. Carlitos se mordía el labio inferior, preocupado.
“Carlitos, ¿tienes la tarea?” preguntó la Señora Elena con una sonrisa amable.
Carlitos negó con la cabeza, mirando al suelo. “Se me olvidó, Señora Elena,” murmuró.
“¿Se te olvidó? Carlitos, sabes que la tarea es importante para practicar lo que aprendemos en clase. ¿Qué pasó?” La Señora Elena se agachó para estar a la altura de Carlitos.
Carlitos respiró hondo. “Es que… mi gata Mimí estaba embarazada.”
La Señora Elena levantó una ceja, sorprendida. “¿Tu gata embarazada? ¿Y qué tiene que ver eso con la tarea?”
Carlitos se sonrojó. “Pues… ¡todo! Mimí necesitaba mucha atención. ¡Mucha, mucha atención!”
Empezó a contar su historia, gesticulando con las manos.
“El lunes, Mimí empezó a comportarse de forma extraña. Normalmente, le encanta dormir en mi cama, pero de repente, empezó a buscar un lugar tranquilo y oscuro. La encontré escondida dentro de una caja de zapatos vieja, ¡ronroneando como un motor!”
La Señora Elena sonrió. “Entiendo. Estaba buscando un buen lugar para sus gatitos.”
“¡Exacto! Y desde ese momento, ¡todo fue un caos adorable! Mimí me seguía a todas partes, maullando con un tono muy dulce, como pidiendo ayuda. No podía dejarla sola ni un segundo. Cada vez que intentaba sentarme a hacer la tarea, ella saltaba sobre mis piernas y empezaba a amasar con sus patitas. ¡Era imposible concentrarse!”
Carlitos continuó su relato. “El martes, Mimí empezó a comer el doble de lo normal. ¡Devoraba su comida como si no hubiera un mañana! Y después, ¡dormía durante horas! Intenté hacer la tarea mientras dormía, pero cada vez que movía un papel, se despertaba y me miraba con esos ojos grandes y tristes. ¡Me sentía culpable si no la acariciaba!”
“Ya veo,” dijo la Señora Elena, conteniendo una risa. “Es comprensible que estuvieras preocupado por Mimí.”
“El miércoles, ¡Mimí empezó a construir un nido! ¡Utilizó todas mis bufandas, calcetines y hasta el peluche de mi osito Benito! ¡Lo envolvió todo en una bola gigante en mi armario! Tuve que rescatar a Benito antes de que desapareciera para siempre. Intenté hacer la tarea mientras ella organizaba su nido, pero cada vez que encontraba un nuevo objeto interesante, ¡me lo traía como si fuera un trofeo!”
“¡Qué gata tan dedicada!” comentó la Señora Elena.
“¡Y el jueves… el jueves fue el día más importante! ¡Mimí empezó a tener sus gatitos! ¡Eran tan pequeños y adorables! ¡Había uno blanco, uno negro y uno atigrado! ¡Pasé toda la tarde observándolos y ayudando a Mimí a cuidarlos! No pude pensar en nada más que en esos pequeños gatitos.”
Carlitos se detuvo, esperando la reacción de la Señora Elena.
La Señora Elena sonrió. “Carlitos, entiendo perfectamente por qué no pudiste hacer la tarea. Cuidar de una gata embarazada y sus gatitos es una gran responsabilidad. Pero la próxima vez, por favor, avísame para que pueda ayudarte.”
“¿De verdad?” preguntó Carlitos, con los ojos brillantes.
“Claro que sí. Y quizás, cuando los gatitos sean un poco más grandes, ¡podemos traerlos a la clase para que todos los conozcan!”
Carlitos sonrió de oreja a oreja. “¡Sería genial! Prometo hacer la tarea para la próxima vez. Pero… ¿puedo llevar una foto de los gatitos mañana?”
La Señora Elena asintió. “Por supuesto. Y ahora, ¿qué te parece si te doy un poco de tiempo para empezar la tarea aquí en clase?”
Carlitos asintió con entusiasmo. Aunque la tarea de matemáticas no era tan emocionante como los gatitos de Mimí, sabía que era importante. Y además, ¡tenía muchas ganas de contarles a sus amigos sobre la nueva familia que había llegado a su casa! ¡Definitivamente, la llegada de los gatitos había convertido su vida en una aventura increíble!
Al día siguiente, Carlitos llegó a la escuela con una foto de Mimí y sus gatitos. Todos sus amigos se reunieron alrededor de él, maravillados con la tierna imagen. Carlitos les contó la historia de cómo Mimí había interrumpido su tarea, y todos se rieron juntos. Incluso la Señora Elena sonrió al ver la alegría de los niños. Carlitos aprendió que, aunque la responsabilidad es importante, a veces, los momentos especiales de la vida son aún más valiosos.
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