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Gratis · elegí una vozTito era un pollito muy curioso. No le gustaba picotear granos en el corral como los demás pollos. Tito soñaba con las estrellas. Todas las noches, miraba el cielo oscuro, preguntándose qué habría más allá. Un día, mientras jugaba cerca del granero, encontró un libro viejo y polvoriento. La portada mostraba un cohete espacial. ¡Tito nunca había visto algo así! Abrió el libro con sus pequeñas alas y empezó a hojearlo. Las páginas estaban llenas de imágenes de planetas, astronautas y naves espaciales. ¡Tito supo en ese instante que su destino era el espacio!
Decidió construir su propio cohete. Usó una caja de cartón grande, latas vacías de tomate y un embudo viejo. Pintó el cohete de colores brillantes y le puso un nombre: "El Pío Pío Uno". Ahora, necesitaba combustible. Observó al granjero llenar el tractor y tuvo una idea "¡Semillas!" pensó Tito. Recogió todas las semillas que pudo encontrar: semillas de girasol, semillas de calabaza, incluso algunas semillas de lechuga. Las echó todas dentro de una lata grande y las mezcló con un poco de agua. "¡Combustible de pollo espacial!" exclamó Tito orgulloso.
Llegó la noche. Tito arrastró su cohete hasta el campo abierto. La luna brillaba con intensidad, como si lo estuviera animando. Con su pequeño corazón latiendo con fuerza, Tito subió a "El Pío Pío Uno". Vertió el combustible de semillas en el embudo y gritó: "¡Despegue!". No pasó nada. Tito movió el embudo, gritó más fuerte, incluso le dio un pequeño empujón al cohete. De repente, con un estallido, el cohete comenzó a vibrar. ¡Las semillas estaban fermentando!
"¡Funciona! ¡Funciona!" gritó Tito emocionado. El cohete temblaba y se movía lentamente. Luego, con un gran salto, "El Pío Pío Uno" se elevó en el aire. Tito gritó de alegría mientras veía la granja hacerse más pequeña debajo de él. Voló sobre los árboles, sobre las montañas, ¡hacia las estrellas! El viaje fue un poco turbulento. El cohete daba vueltas y vueltas, y el combustible de semillas olía un poco raro, pero Tito no se rindió. Estaba demasiado emocionado por la aventura.
Después de lo que parecieron horas, Tito vio un planeta rojo brillante acercándose. "¡Marte!" exclamó. Pero Tito no quería ir a Marte. Él quería ir aún más lejos. Siguió volando, pasando por Júpiter, Saturno y Urano. Finalmente, vio un pequeño punto azul pálido en la distancia. "¡Plutón!" gritó Tito. "¡Mi destino final!".
Cuando "El Pío Pío Uno" aterrizó en Plutón, Tito salió con cautela. El planeta era frío y oscuro, cubierto de hielo. No había árboles, ni flores, ni otros pollos. Tito se sintió un poco solo. De repente, escuchó un ruido. Miró a su alrededor y vio una pequeña criatura peluda con grandes ojos brillantes. La criatura se acercó a Tito y le ofreció una flor de hielo. Tito sonrió. ¡No estaba solo después de todo!
Tito y la criatura de Plutón pasaron el día explorando el planeta helado. Jugaron a esconderse entre los cráteres y construyeron un muñeco de nieve de hielo. Tito aprendió que incluso en el lugar más lejano y frío, se podía encontrar amistad. Al caer la noche, Tito supo que era hora de volver a casa. Se despidió de su nuevo amigo y subió a "El Pío Pío Uno". Con el combustible de semillas casi agotado, el cohete despegó lentamente hacia la Tierra.
El viaje de regreso fue más rápido. Tito estaba cansado pero feliz. Había visto el espacio, había visitado Plutón y había hecho un nuevo amigo. Cuando "El Pío Pío Uno" aterrizó suavemente en el campo, el sol comenzaba a salir. Tito salió del cohete y corrió hacia el corral. Los otros pollos lo miraron con curiosidad. Tito les contó su increíble aventura, pero ninguno le creyó. "Tonterías" cacarearon. Pero Tito no se preocupó. Él sabía lo que había visto y lo que había hecho. Ahora, cada noche, cuando miraba las estrellas, recordaba su viaje a Plutón y a su nuevo amigo, sabiendo que la aventura estaba en todas partes, incluso para un pequeño pollo con grandes sueños.
A partir de ese día, Tito ya no se conformó con picotear granos. Sabía que el universo era vasto e inmenso, lleno de posibilidades infinitas. Continuó construyendo cohetes y soñando con nuevos viajes, inspirando a otros pollitos a mirar hacia el cielo y a creer en lo imposible. Y aunque los demás pollos seguían sin creerle, Tito sonreía. Sabía que, en su corazón, era un pollo espacial, ¡un pollo que había llegado hasta Plutón!
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