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Gratis · elegí una vozEn un claro soleado, rodeado de árboles altísimos y flores silvestres de todos los colores, vivía Aarón, un niño de ojos brillantes y una sonrisa contagiosa. A Aarón le encantaba explorar el bosque, pero lo que más le gustaba era imaginar dinosaurios bailando entre los árboles. Un día, mientras caminaba por el sendero, escuchó un ruido extraño. Era un sonido rítmico, como... ¡música!
Siguió el sonido hasta que llegó a un claro más grande. ¡Y allí estaba! Un Tiranosaurio Rex, ¡pero no uno cualquiera! Este T-Rex era de un color naranja brillante, con unas manchas rojas divertidas, y ¡estaba bailando! Movía sus patitas cortas, sacudía su enorme cabeza, y balanceaba su cola con un entusiasmo increíble. Su cara mostraba una expresión de pura alegría, como si no hubiera nada en el mundo más importante que bailar en ese momento.
Aarón se quedó boquiabierto. Nunca había visto nada igual. El T-Rex, al ver a Aarón, paró su baile y le sonrió. Su sonrisa era tan grande que mostraba todos sus afilados dientes, pero Aarón no sintió miedo. La sonrisa del T-Rex era cálida y amigable.
"¡Hola!", dijo el T-Rex con una voz sorprendentemente suave. "Me llamo Tito, y me encanta bailar. ¿Te gusta bailar a ti también?"
Aarón asintió con entusiasmo. "¡Sí! ¡Mucho! Nunca había visto a un dinosaurio bailar. ¡Es increíble!"
Tito, el T-Rex, se alegró mucho de escuchar eso. "Pues, únete a mí", dijo. "La música del bosque siempre me inspira a bailar".
Aarón se unió a Tito en el claro y empezaron a bailar juntos. Aarón movía sus brazos y piernas, imitando los movimientos divertidos de Tito. Tito saltaba y giraba, haciendo reír a Aarón a carcajadas. La música del bosque, el canto de los pájaros y el susurro de las hojas, se convirtió en su banda sonora personal.
Después de un rato de bailar sin parar, Tito se sentó en el suelo, jadeando un poco. Aarón se sentó a su lado, también cansado pero feliz. "Tito, ¿por qué bailas?", preguntó Aarón.
"Bailo porque me hace feliz", respondió Tito. "Cuando bailo, me olvido de todos mis problemas y solo disfruto del momento. Además, creo que el bosque también disfruta verme bailar. ¿No sientes cómo los árboles se mueven al ritmo de la música?"
Aarón miró alrededor. Y era verdad. Los árboles se balanceaban suavemente, como si estuvieran bailando también. Las flores se mecían al viento, como si estuvieran aplaudiendo. El bosque entero parecía estar sonriendo.
"Creo que tienes razón, Tito", dijo Aarón. "El bosque está sonriendo".
Tito sonrió aún más. "Ese es el secreto del bosque sonriente", dijo. "La alegría. La alegría de bailar, de cantar, de simplemente estar vivo. Si compartes tu alegría con el bosque, el bosque te devolverá su sonrisa".
Aarón pensó en lo que Tito le había dicho. Era verdad. Siempre que se sentía feliz, el bosque parecía más brillante y hermoso. Siempre que estaba triste, el bosque parecía más oscuro y silencioso.
"Voy a recordar eso, Tito", dijo Aarón. "Voy a compartir mi alegría con el bosque siempre".
Tito se levantó y extendió su mano (bueno, su pata corta) a Aarón. "Entonces, ¿bailamos un poco más?", preguntó.
Aarón sonrió y tomó la pata de Tito. Y juntos, el niño y el dinosaurio, bailaron hasta que el sol empezó a ponerse. Bailaron con alegría, con entusiasmo, con todo su corazón. Y mientras bailaban, el bosque sonreía a su alrededor, celebrando la amistad y la alegría que compartían.
Cuando llegó la hora de que Aarón volviera a casa, abrazó a Tito con fuerza. "Gracias por enseñarme el secreto del bosque sonriente", dijo Aarón. "Nunca lo olvidaré".
Tito le devolvió el abrazo. "Y yo nunca olvidaré nuestro baile", dijo Tito. "Ven a visitarme cuando quieras. Siempre estaremos bailando en el bosque sonriente".
Aarón regresó a casa con el corazón lleno de alegría. Sabía que siempre tendría un amigo especial en el bosque, un amigo que le había enseñado el poder de la alegría y la importancia de compartirla con el mundo. Y cada vez que se sentía triste, recordaba el baile de Tito y la sonrisa del bosque, y su corazón se llenaba de nuevo de esperanza y felicidad. Y así, Aarón siguió explorando el bosque, compartiendo su alegría con cada criatura y cada árbol, y manteniendo vivo el secreto del bosque sonriente para siempre.
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