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Vera era una niña llena de energía, con una risa chispeante que hacía que cualquiera a su alrededor sonriera sin darse cuenta. Le gustaba correr por el parque con el viento despeinando su cabello, dibujar mariposas de colores con sus tizas y bailar dando vueltas hasta marearse.
Pero esa mañana, algo se sentía diferente. El sol brillaba en el cielo, los pájaros cantaban como siempre, y sin embargo, Vera no tenía ganas de correr, ni de bailar, ni de pintar. Se sentía extraña, como si un peso invisible le oprimiera el pecho.
Suspiró y decidió salir de todos modos. Quizás el aire fresco la ayudaría a sentirse mejor.
Al dar sus primeros pasos fuera de casa, notó algo curioso: una pequeña nube gris flotaba sobre ella, siguiéndola a cada paso. No era una nube grande ni oscura, pero tenía un aspecto triste, con bordes deshilachados y un color apagado.
Vera frunció el ceño y miró hacia arriba.
—Oye, ¿por qué me sigues? —preguntó.
La nube suspiró, dejando escapar un leve murmullo de viento.
—Estoy triste —respondió con voz temblorosa—. Nadie quiere estar conmigo porque piensan que solo traigo lluvia y días feos.
Vera se quedó en silencio por un momento. La miró con atención y se dio cuenta de que la nube parecía cansada, como si llevara demasiado tiempo guardando algo dentro.
—A veces, estar triste está bien —dijo Vera, con un tono comprensivo—. Yo también me siento así de vez en cuando.
La nube pareció sorprenderse.
—¿Tú? ¡Pero si siempre estás sonriendo!
Vera bajó la mirada.
—Eso no significa que no me sienta triste a veces —susurró—. Hay días en los que me despierto y siento que algo está mal, pero no sé qué es. Otras veces, me duele la barriga, pero no porque esté enferma, sino porque hay algo dentro de mí que me hace sentir rara.
La nube flotó en silencio, escuchando con atención.
—A veces, cuando algo no sale como quiero, me dan ganas de llorar, pero no siempre lo hago. Me quedo callada, como si tuviera un nudo en la garganta, y todo se siente más pesado —continuó Vera.
La nube suspiró profundamente.
—Eso me pasa a mí también… Tengo tantas ganas de llorar, pero si lo hago, la gente huye porque piensan que arruinaré su día con mi lluvia.
Vera la observó con ternura.
—Llorar no es malo. Es como cuando las flores necesitan agua para crecer. ¿Sabes lo que hago cuando me siento triste?
La nube negó con suavidad.
—A veces lloro un poquito. Otras veces abrazo a mi osito de peluche, Pinto, porque me hace sentir segura. También me gusta pintar con mis tizas, porque los colores me ayudan a ver las cosas de otra manera. Y cuando me siento muy, muy triste, busco a mi mamá o a mi papá y les cuento lo que me pasa.
La nube flotó en silencio por un momento. Luego, de sus bordes empezaron a caer pequeñas gotas, pero no era una tormenta furiosa ni una lluvia fría. Eran lágrimas suaves, como una brisa tibia.
—Creo que yo también necesitaba llorar un poquito —susurró la nube.
Vera levantó la cabeza y dejó que la lluvia la envolviera como un abrazo. Cerró los ojos y respiró hondo, disfrutando del sonido de las gotas cayendo sobre las hojas de los árboles.
—¿Sabes algo? —dijo Vera después de un rato—. La lluvia también es importante. Sin ella, no crecerían las flores, ni los árboles, ni la hierba en la que me gusta tumbarme a mirar las nubes.
La nube pareció iluminarse un poco.
—Nunca lo había pensado así…
—Y además —continuó Vera—, después de la lluvia, a veces aparece un arcoíris.
La nube suspiró de nuevo, pero esta vez fue un suspiro tranquilo, como si un gran peso hubiera desaparecido de su interior. Su color gris comenzó a desvanecerse poco a poco, volviéndose más claro y brillante.
Las últimas gotas cayeron suavemente, y justo entonces, un arcoíris enorme y brillante apareció en el cielo.
—¡Mira eso! —exclamó Vera, señalándolo—. Es precioso.
La nube sonrió por primera vez.
—Gracias, Vera. Ahora me siento mucho mejor.
Vera le guiñó un ojo y siguió su camino, sintiendo su corazón más liviano. Desde ese día, cada vez que veía una nube gris, en lugar de esconderse, le sonreía, porque sabía que a veces, llorar un poquito ayudaba a sentirse mejor después.
FIN.
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