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Las vacaciones en casa de la abuela Rosa siempre eran tranquilas. Hasta la noche en que empezaron los golpes.
Toc. Toc. Toc.
Lucía se sentó en la cama. Su primo Mateo, que dormía en el colchón del piso, ya tenía los ojos abiertos como platos.
—¿Lo oíste? —susurró él.
—Viene de arriba. Del desván.
El desván era el único lugar de la casa al que nunca subían. La abuela decía que estaba lleno de polvo y de cosas viejas. Mateo decía que estaba lleno de fantasmas.
Toc. Toc. Toc. Y después, un sonido raro, como un silbido largo: «Juuuuuu».
—Es un fantasma —dijo Mateo—. Seguro que es un fantasma.
—Los fantasmas no existen —dijo Lucía, aunque su voz salió un poquito más aguda de lo normal.
La noche siguiente pasó lo mismo, a la misma hora. Y la siguiente también. Al tercer día, Lucía tomó una decisión.
—Esta noche subimos.
A medianoche, con una linterna y una escoba (por si acaso), subieron la escalera angosta del desván. Cada escalón crujía. La puerta de arriba chirrió al abrirse. Adentro olía a madera vieja y a libros. Había baúles, un espejo cubierto con una sábana y una mecedora que se movía sola, despacito, con el viento que entraba por una ventana redonda.
Toc. Toc. Toc.
Los dos se quedaron quietos. El ruido venía de una viga, justo encima de sus cabezas. Lucía levantó la linterna, temblando.
Sobre la viga, cuatro pares de ojos amarillos los miraban. Lucía casi grita. Pero entonces la luz mostró unas caritas blancas con forma de corazón, unas plumas suaves y unas patas pequeñitas.
—¡Son lechuzas! —dijo Mateo.
Era una mamá lechuza con tres polluelos. La mamá golpeaba la viga con el pico para limpiarlo, y el «juuuuuu» era la forma en que llamaba a sus crías.
A la mañana siguiente le contaron todo a la abuela Rosa. Ella se rió tanto que tuvo que sentarse.
—Así que por eso ya no hay ratones en el jardín —dijo—. Tenemos vecinas nuevas.
Esa noche, cuando sonaron los golpes, Lucía y Mateo no se taparon con la cobija. Se quedaron escuchando y sonriendo, porque ahora sabían que arriba, en el desván, una familia también se estaba dando las buenas noches.
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